Psicología y Eneagrama

Alejandra Godoy Haeberle Psicóloga Universidad Católica Doctorada en Psicología Clínica en la Freie Universität Berlin

sábado, mayo 06, 2006

Masturbación: quedan aún resabios de sentimientos de culpa en el siglo XXI?

Tuve la experiencia sincrónica – como diría Jung – de estar releyendo Retrato del Artista Adolescente justo durante Semana Santa, surgiéndome la pregunta de si todavía la masturbación provoca culpas asociadas a la doctrina judeocristiana. Hice un somero escaneo de mis pacientes durante los últimos cinco años y el panorama se ve un tanto mejor. Pero como en Chile se realizan escasas investigaciones en general y - menos aún en temas de esta índole – me asalta la preocupación por cómo se estará dando este fenómeno en la “población general”.

La maestría de James Joyce nos transmite el sufrimiento moral de un púber por la reaparición de la libido después del periodo de latencia. A través de sus introspecciones autobiográficas nos comunica la inicial extrañeza de Stephen Dédalus – estudiante de un colegio jesuita - ante la intensidad de sus impulsos, sus vanos intentos por autocontrolarse y la sensación final de ser un pecador empedernido, de ser un degenerado indigno de Dios. Aunque comienza a escribirlo en 1904, el autor está describiendo lo que sucedía a finales del siglo XIX, cuando tanto en la sociedad general como en la medicina, se condenaba a la masturbación por ser pecaminosa y perjudicial para la salud física y mental. Basándose en supuestas “verdades científicas”, se creía que la masturbación ocasionaba agotamiento, perdida de memoria, melancolía, ataques, epilepsia, ceguera, sordera, esterilidad, impotencia, imbecilidad, reblandecimiento cerebral y parálisis, entre otra larga lista de etcéteras. Que diferencia con el “lamento” autobiográfico de Phillip Roth a mediados del siglo XX, respecto a otro púber – esta vez judío - Portnoy, un fanático de la masturbación y sin culpa alguna!. Pero, realmente han cambiado tanto las actitudes?

Se sabe que el instinto sexual – presente desde que nacemos – es una necesidad física normal que compartimos con los animales. Me gusta recalcar que pertenecemos primero al reino animal y después al humano. Sin embargo, concerniente a los impulsos sexuales y a la masturbación, los humanos nos comportamos muy diferentes a los animales. La sexualidad es el único impulso biológico que una persona no necesita satisfacer para poder seguir existiendo. Se lo puede controlar, frenar y postergar. Puede estar inhibido y sumido en el inconsciente, sin que la persona sienta su presencia e incluso hasta puede “olvidar” que existe. En todos estos procesos juegan un rol fundamental factores psico-emocionales junto a factores cultural-religiosos.

En la consulta he podido observar que aún persisten resabios de prejuicios anacrónicos, los que se reflejan en la actitud ambivalente que se tiene hacia la masturbación. Aunque la persona sea agnóstica o atea, aunque afirme estar consciente de que no es perjudicial ni pecaminosa, aunque acepta a un nivel teórico-intelectual que no tiene “nada de malo”, continúa sintiéndola como fuente generadora de tensión, ambigüedad y perplejidad. Mujeres mayores que evitan o se niegan a practicarla sin saber por qué, o lo atribuyen vagamente a que les da “lata” hacerlo, o aducen que “no les resulta”, que no sienten “nada”, o confiesan que se sienten inhibidas. En las mas jóvenes, incluso aquellas que dicen orgullosamente “no creer en Dios ni estar ni ahí con los pecados, ni con la Iglesia Católica”, reconocen una cierta sensación de vergüenza, de incomodidad, de que – de alguna forma – sienten que es un acto de naturaleza sucia. Hay mujeres jóvenes que nunca lo han intentado, otras que lo hicieron por un corto tiempo en la pubertad y después nunca más. En los hombres la situación es muy diferente, es raro encontrar casos como los mencionados. Y, cómo lo estarán viviendo aquellos que no acude a terapia? Que experiencia tienen ustedes o que han escuchado al respecto?